Nuevas armas de Don Carlos Javier de Borbón Parma (2015)

Colegio Heráldico Antoniano de Lisboa

10/03/2015

El pasado viernes se reproducía en este blog el Comunicado que Don Carlos Javier de Borbón Parma, Duque de Parma y de Madrid, con motivo de la Festividad de los Mártires de la Tradición que hoy se celebra y que, en su día, instituyera Don Carlos VII, tal y como comunicó por carta al Marqués de Cerralbo el 5 de noviembre de 1895, para honrar a aquéllos que habían perecido en el campo de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales, eligiendo la fecha del fallecimiento del Rey Don Carlos V, el 10 de marzo de 1855. El texto, que se difundió a través de la Cancillería de la Real Orden de la Legitimidad Proscripta y de la Asociación 16 de abril, se encabezaba con las nuevas armas del duque de Parma y de Madrid, que abren este post.

Hasta el pasado año, tal y como puede verse en este mismo blog en la entrada dedicada al Comunicado de Don Carlos Javier del 2014 con motivo de esta Festividad, el Duque de Parma y de Madrid usaba el escudo cuartelado de Castilla, León, Aragón, Navarra, con entado en punta de Granada y escusón de Borbón-Anjou, rodeadas del collar del Toisón de Oro y timbradas por corona real cerrada. Éstas eran las armas que utilizó su Padre, don Carlos Hugo de Borbón Parma y Borbón y que él asumió desde el fallecimiento del mismo.

Pero da la casualidad de que Felipe de Borbón y Grecia comenzó a utilizar exactamente las mismas armas desde que asumiera la Jefatura del Estado el 19 de junio del pasado año, no queremos pensar que por causa intencionada, aunque eso se deja a la interpretación del lector. Las versiones que se dieron fueron las de distinguir su escudo del de su padre, cosa que se llevó hasta la recuperación del carmesí en el guión, substituyendo el azul paterno.

Se despojaban así las armas de una serie de elementos que habían sido introducidos en las décadas precedentes. Hay que recordar que la rama isabelina nunca usó la Cruz de Borgoña acolada a sus armerías y que quien la introdujo fue Juan de Borbón y Battenberg, que usaba las llamadas armas grandes con los collares del Toisón de Oro y de Carlos III, a partir del 20 de diciembre de 1957, cuando un sector minoritario del carlismo (que pasarían a ser conocidos como los “estorilos”) y cercano al régimen franquista lo reconoció como Rey. Curiosamente los Reyes Carlistas jamás la usaron en sus escudos a lo largo de toda la historia. Antes había usado también un partido de Borbón-Anjou y Battenberg ante el que posó en numerosas ocasiones en Villa Giralda. Por su parte su hijo Juan Carlos añadiría en la década de los sesenta añadió el yugo y las flechas de los Reyes Católicos, además de acolar igualmente al cuartelado la Cruz de Borgoña, todos ellos símbolos propios de la Monarquía Española, pero que habían sufrido una profunda instrumentalización desde el Decreto de Unificación de 19 de abril de 1937 que creaba el llamado Movimiento Nacional. Prescindiendo de estos símbolos, quizá se haya pretendido lavar el pecado original que la “monarquía instaurada” lleva consigo.

El escudo del actual Jefe del Estado es el que usaron durante décadas los Reyes Carlistas y que sufrió pequeña variantes. Así el escusón perdió la bordura de gules de Anjou tras la muerte el 3 de julio de 1844 de Enrique de Borbón, Titular de los Derechos al Trono de Francia, que recaerían en Don Juan III y que se transmitieron a todos sus descendientes hasta la accidental muerte de Don Alfonso Carlos I el 29 de septiembre de 1936, cuando pasarían a la línea del Infante Francisco de Paula en la persona de Alfonso de Borbón y Austria, que vivía en su exilio romano. Estos derechos se transmitieron a su hijo primogénito superviviente, Jaime de Borbón y Battenberg, que usaría las armas plenas de Borbón, como hace actualmente su nieto Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú, a diferencia de su padre, Alfonso de Borbón y Dampierre, que usaba un partido en el que el primer campo se mostraban las armas plenas de Francia y en el segundo un cuartelado de Castilla, León, Aragón, Navarra y entado en punta de Granada, cuidadosamente estudiado para mostrar sus ambiciones a ser nombrado sucesor de Franco.

Otras modificaciones que sufrieron las armas de los Monarcas Carlistas fueron la inclusión del Sagrado Corazón de Jesús el 3 de junio de 1932 por deseo de Don Alfonso Carlos I o, junto a Él la del Inmaculado Corazón de María, querida por Don Javier I, siendo Regente, en 1942, quien volvió a utilizar el escusón con la bordura de Anjou, ya que, como dije, los Derechos Dinásticos de la Casa de Francia pasaron a la rama del Infante Francisco de Paula.

Es necesario recordar que la rama isabelina usó fundamentalmente las llamadas armas grandes (adoptadas por Don Carlos III) y que en versión abreviada, usó un cuartelado de Castilla y León con entado de Granada y escusón de Borbón-Anjou ( como puede verse en las monedas por ella acuñadas o en las Órdenes al Mérito Militar, Naval o Aeronáutico) mientras que en la bandera se disponía un óvalo partido de Castilla y León simplemente. El primero de esa rama en usar el cuartelado en sus armas personales, incluyendo Aragón y Navarra, fue Juan Carlos de Borbón y Borbón en la década de los sesenta del pasado siglo, mientras que los Reyes Carlistas usaron siempre el susodicho cuartelado con las cinco Coronas de las Españas y el escusón central de Borbón. Incluso el propio Amadeo I usó este cuartelado con las armas sabaudas en escusón, así como el Gobierno Provisional y las dos repúblicas sin escusón alguno y corona mural.

Ahora el Duque de Parma y de Madrid ha decidido modificar sus armas en calidad de tal y la introducción ha sido la substitución del escusón central de Borbón-Anjou por el de Borbón Parma, que es de azur, tres lises de oro y bordura de gules cargada de ocho veneras de plata. Se reúnen, así, en estas armas, su condición indiscutida de Duque Soberano de Parma y de Jefe de la Dinastía Legítima de las Españas, en un símbolo que aúna ciento ochenta y dos años de tradición y defensa de unos ideales que aún hoy, pese al paso de los tiempos, siguen vivos.

Francisco Acedo Fernández Pereira,
Presidente del Colegio Heráldico Antoniano de Lisboa.

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