Actos legitimistas en Portugal (1967)

Fuente: Revista Montejurra, Enero de 1968, nº 33.

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Cita cumplida: Carlistas sobre Portugal

A primera hora de la mañana del día 8, tan pronto como se abrió la frontera, decenas y decenas de autobuses y numerosos automóviles particulares, repletos de boinas rojas, enfilaron hacia las tierras hermanas, hospitalarias y amabilísimas –no nos cansaremos de agradecer la actitud verdaderamente cordial del Gobierno y el pueblo portugués hacia los peregrinos carlistas- de la vecina República atlántica. Una niebla densísima y persistente, y un tiempo muy frío, habían endurecido el viaje, pero así era más patente el sacrificio, económico para no pocos y físico para todos, de Don Javier al último de los asistentes.

Coimbra tuvo calor y color carlista, el día de la Inmaculada, como Salamanca –la otra gran ciudad universitaria- los tuvo durante la noche. Era difícil oír hablar el portugués en los cafés céntricos, que recordaban a los de la estellesa plaza de los fueros el día de Montejurra. Otro tanto ocurría en Lisboa. La prensa de mayor difusión anunciaba los actos y publicaba fotografías de Don Carlos y Doña Irene. Jan Van Beek y su equipo de reporteros y técnicos se disponía a filmar el que ha de ser el primer programa informativo en color de la TV holandesa.

Actos religiosos

Durante las primeras horas de la mañana, los millares de carlistas venidos de toda la geografía española –aproximadamente unos cinco mil-, que representaban a cuantos no podían asistir, se fueron concentrando en la explanada de la Basílica de Fátima.

Poco antes de las 12’30 llegaron desde Lisboa Don Javier y Doña Magdalena, los príncipes Carlos e Irene, el Infante Don Sixto y las Infantas Doña María Teresa, Doña Cecilia y Doña María de las Nieves, que fueron cumplimentados por el Jefe Delegado, don José María Valiente; secretario general, don José María Zavala, y Junta de Gobierno. El presidente de la Hermandad de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés, Marqués de Marcelina, saludó a la augusta Familia al pie de la basílica.

En silencio, por respeto al lugar, los Borbón Parma se dirigieron con sus acompañantes a la capillita de las Apariciones, donde Don Javier oró junto a todos, y leyó después una oración a la Virgen, que publicamos en lugar aparte.

Terminada la oración, y con las banderas gloriosas de los Tercios al frente, los Borbón Parma y el resto de los asistentes se dirigieron a la Basílica, donde iban a participar en una Misa celebrada por don Edistio Sancho, capellán nacional de la Hermandad,  y don José Morales, de Huelva; don Melitón Sáez, de Madrid; don Eliseo González, de Santander; P. Marín, de Sevilla; P. Corchón, de Málaga y P. Ireneo de Setuain, capuchino. Don Javier y Doña Magdalena ofrecieron el vino y las formas que habrían de consagrarse.

Después de leer el Evangelio, don Edistio, primer celebrante, pronunció una homilía ajustada, vibrante, profundamente comprensiva del sentido de un acto tan desusado como el de un grupo político en oración comunitaria ante la Virgen.

Los asistentes –caben tres mil sentados, y estaban abarrotados todos los pasillos y espacios libres con carlistas de pie, incluidas las galerías- comulgaron en número impresionante.

Terminada la Misa, Don Javier leyó desde el presbiterio –donde ocupaban los reclinatorios los miembros de su Familia, los señores Valiente y Zavala, y los abanderados, con escolta simbólica de requetés uniformados- la consagración de los esfuerzos del carlismo y de los carlistas a la Virgen de Fátima.

Actos políticos

Terminados los actos religiosos, que fueron por la mañana, hubo a la tarde –fuera del recinto del santuario y explanada, en salones del Carmelo, donde el Papa recibió también- unos actos políticos: entrega de cruces de la Legitimidad Proscripta; medallas de la Lealtad a portugueses que lucharon en el Requeté, personificados en el señor Saraiva; la lectura de un documento en el que Don Javier expresa su deseo de que el Quintillo –lugar de la primera aparición del Requeté militarizado- y don Manuel Fal Conde –“a quien la España nueva debe una inmensa gratitud”- vayan unidos en un título, el de Duque del Quintillo, que la monarquía restablecida deberá confirmar para él y sus descendientes; un vibrante y denso discurso de Don Carlos y un interminable –duró tres horas- besamano en el que todos y cada uno de los asistentes saludaron a todos y cada uno de los miembros de la Augusta Familia. Fue algo sencillo como conmovedor por su autenticidad.

De los nombramientos y distinciones ofrecemos información aparte.

Finalizó el día con una Salve de despedida.

En Lisboa

El domingo, en Lisboa, la Augusta Familia y los carlistas asistieron a la Santa Misa en una capilla conventual.

En el Hotel Ritz se reunió el Capítulo de la Orden de la Legitimidad y, posteriormente, se constituyó un amplio Consejo. Tanto al Capítulo como al Consejo, Don Javier dirigió densos discursos. También Don Carlos habló a los consejeros.

Finalmente la Augusta Familia y bastantes de los carlistas asistieron a un almuerzo en el que Don Carlos brindó por con todos por España y Portugal.

J. M.ª P.

Oración a Nuestra Señora

En la Basílica, desde el presbiterio, Don Javier de Borbón pronunció esta oración:

“Oh Reina del Cielo, Madre Nuestra en la tierra!

Hace cincuenta años y en este mismo lugar, enviasteis al mundo una advertencia grave y un Mensaje de amor a la Humanidad y a las almas en peligro.

Vuestra voz resonó entonces en los corazones de vuestros hijos de España y en esta Patria hermana de Portugal y, cuando veinte años más tarde la tormenta destructora invalidó España, cuando nuestras iglesias, templos de Vuestro Divino Hijo, fueron profanadas y cuando la sangre de tantos fieles y sacerdotes fue derramada y la furia devastadora se escuchó sobre toda la Patria española, nuestros hombres, jóvenes y maduros, se levantaron en defensa de su Fe, para la salvaguarda de la familia, y para impedir que la Patria cayera en manos de la Subversión.

Hoy, treinta años después, vuestros Requetés están de nuevo aquí, vuestros “soldados de la fe” como el inolvidable Papa Pío XII les llamó tantas veces, y a los cuales se unieron tantos hermanos nuestros de Portugal:

-Están aquí presentes los que cayeron en la dura pelea.

– Con los que murieron ante los pelotones de ejecución.

– Con los que después se han encontrado allá arriba con el gran Ejército carlista del más allá, y que gozan ya de Vuestra visión celestial como Os aparecisteis aquí mismo.

– Están todos aquí, de lejos o de cerca, en este momento solemne para expresaros con este acto de reconocimiento y de amor grandes, nuestra fidelidad de siempre a las enseñanzas de Vuestro Divino Hijo y a vos, Oh Reina y Madre nuestra.

– El presente es ya para nosotros el pasado.

– Ponemos confiadamente en Vuestras manos, consagrándonos a Vuestro Inmaculado Corazón, todo lo que nos es querido aquí abajo, nuestras familias, nuestra Patria, nuestra gran Tradición.

Ante un mundo en desarrollo y desconcierto, nosotros permaneceremos fieles.

Que ninguna discordia nos divida, que la Autoridad sea respetada y que la disciplina de nuestro noble Ideal quede anclada en nuestros corazones a fin de que podamos entregar a las jóvenes generaciones que nos siguen una Fe firme en Dios, un amor grande y filial a Vos, oh Reina y Madre Nuestra, y los sabios y poderosos jalones de la Tradición, tan necesarios en un mundo en evolución, lleno aún de amenazas y peligros.

Pero confiados en la Omnipotencia suplicante de Vuestra intervención cerca del Señor, Os pedimos humildemente aceptéis esta ofrenda de nosotros mismos y extendáis Vuestro Manto celestial sobre estas dos Patrias hermanas de España y Portugal y sobre su misión en el mundo.

Así sea.”

Orden de la Legitimidad Proscripta

Don Javier de Borbón, ante los carlistas reunidos, dijo:

Con ocasión de nuestra Peregrinación a Fátima y en este lugar bendito, donde la Santísima Virgen quiso aparecerse para alentar a los hombres el amor a Dios y señalarles sus caminos, quiero imponer las Cruces de la Legitimidad Proscripta que he concedido el pasado día 3.

He llamado a esta Orden nuestra a algunas personas que por su ejemplo de actuación y lealtad carlista han merecido ser destacadas como ejemplo de caballerosidad y entrega.

La Orden de la Legitimidad Proscripta fue creada en 1923 por Mi Augusto Primo el Rey Don Jaime para premiar a los que se han hecho merecedores de ella por su lealtad y servicios a la Causa de Dios, de la Patria y del Rey.

El Carlismo quiere servir a Dios sobre todo y servirle a través de su prójimo, a través de su Patria. Obedeciendo al Rey por el primer servidor de su Patria.

He concedido tres Grandes Cruces y once Cruces de Caballeros y Damas.

La Gran Cruz que hasta ahora no había sido concedida más que a la inolvidable Reina Doña María de las Nieves y  a mi muy querida esposa, Magdalena, quiero que la ostenten en su pecho y les enviaré las insignias correspondientes, los hombres que por su ejemplo la han conquistado.

En primer lugar,

MI QUERIDO HIJO CARLOS:

Por tu amor y entrega a España, a la que has ofrecido tu juventud y por la que has sacrificado cosas muy valiosas.

A nuestro querido D. MANUEL FAL CONDE, que deseaba acompañarnos en este acto y no ha podido hacerlo a última hora a causa de su estado de salud. En su persona, ejemplo viviente de lealtad y entrega, condecoro a todos los Requetés que juntos lanzamos a la Cruzada y a la Victoria.

A Mi querido Jefe Delegado en España D. JOSÉ MARÍA VALIENTE: Por tus trabajos y constantes servicios, por tu lealtad y tu entrega total a nuestra Causa desde que, en plena juventud y renunciando a muchas halagüeñas perspectivas, entraste en ella bajo Mi Augusto Tío el Rey Don Alfonso Carlos.

En esta misma ocasión y para premiar también lealtades y méritos, he concedido la Cruz sencilla de Caballeros y Damas de la Orden:

  • En primer lugar, a mi muy querida Hermana, SU ALTEZA REAL LA PRINCESA DOÑA ISABEL, que bien a su pesar no ha podido acompañarnos en este acto, pero que está aquí presente en espíritu, en reconocimiento a su fidelidad y a sus ejemplares servicios como Enfermera, una más entre las leales Margaritas de Navarra en el Hospital de Sangre “Alfonso Carlos” de Pamplona, durante la Cruzada.
  • A Su Alteza Serenísima el PRÍNCIPE CARLOS DE SCHWARZENBERG, ejemplar Caballero legitimista austriaco, siempre leal a nuestra Causa, y cuyos abuelos combatieron heroicamente en los Reales Ejércitos de Don Carlos V.
  • Aunque la concesión es anterior, voy a aprovechar este acto para imponer también la Cruz a la Excma. Señora DOÑA PETRA DUQUE DE ESTRADA, DUQUESA VIUDA DE OSUNA, GRANDE DE ESPAÑA, que nos acompaña en este acto, por su entusiasmo y fidelidad carlista de siempre, por su entrega y trabajos en la antigua Organización de Margaritas y por su devoción y servicios.
  • Igualmente por su lealtad y méritos, he concedido la Cruz de la Legitimidad Proscripta:
  • A DOÑA CARMEN VARELA IGLESIAS, DE ARANA.
  • A la SEÑORITA ISABELA ORDÓÑEZ REYERO.
  • A DON MANUEL PIORNO MARTÍN DE LOS RÍOS.
  • A DON RICARDO RUIZ DE GAUNA Y LASCURAIN.
  • A DON JOSÉ MARÍA DE ZAVALA CASTELLA.
  • A DON MATÍAS GARCÍA DE LA PUERTA.
  • A DON MANUEL ELENA CORDERO.
  • A DON JUAN JOSÉ PEÑA IBÁÑEZ.
  • A DON ÁNGEL CIORDIA ZOCO.

No olvidéis que con esta Cruz lleváis el signo de la ejemplaridad y servicio, para servir siempre mejor y servir hasta la Victoria.

Que Dios os guarde en su Fe,

en vuestro amor a la Patria

y en vuestra lealtad al Rey.

Reunión del Capítulo de la Orden de la Legitimidad

Ante el Capítulo de la Orden de la Legitimidad y los consejeros, el Augusto Señor pronunció las siguientes palabras:

Por primera vez desde hace más de cuarenta años está reunido el Capítulo de la Orden de la Legitimidad Proscripta.

He querido aprovechar esta emotiva Peregrinación carlista para reuniros en torno mío, a vosotros que sois una selección de los carlistas.

Representáis por vuestras vidas y por vuestras actuaciones el modelo de lo que deben ser los carlistas. Sois ejemplo de caballerosidad y de lealtad carlista.

Como véis he concedido nuevas Cruces y me propongo seguir haciéndolo para premiar lealtades y méritos. Sé que hay infinidad de carlistas leales y merecedores de una distinción, pero si no es posible tenerles a todos, vosotros les representáis dignamente.

El Honor no es una virtud en boga, pero es una forma de las más altas virtudes. Es una manera de vivirlas, como la Lealtad es una manera de servirlas.

El Carlismo es más que un concepto de legitimismo. Es legítimo en sí. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común y a la libertad del país. Defienda la solución de necesidades actuales. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día con su actuación. Se legitima cada día por su lealtad a la Dinastía Legítima, y a través de ella, a España. A través del amor a España, sirve siempre a Dios.

El ser ejemplares vivos de esta virtud, lealtad y amor es la esencia de ser Dama y Caballeros de la Orden de la Legitimidad. Esa es vuestra primera obligación y vuestro mayor honor.

Muchas gracias, mis leales Damas y Caballeros de la Legitimidad por vuestra asistencia y vuestra lealtad”.

Palabras de Don Carlos

“Ofrecemos lo que tenemos para la estructuración de nuestra Patria”.

“Sin Justicia Social, y a pesar del orden público, no habría paz”.

“La primera meta del Carlismo es dar salida política a las juventudes deseosas de servir”.

Ante los carlistas reunidos en los salones del Carmelo, y en presencia de la Augusta Familia, el Príncipe Carlos dijo: (…)

LO QUE QUIEREN LOS QUE NO NOS QUIEREN

Pero quiero hablar un poco de nuestros enemigos; o mejor dicho, de lo que piensan nuestros enemigos de nosotros. En primer lugar, los enemigos quisieran que el Carlismo fuera romántico, que fuera puramente doctrinario y que fuera un cuerpo de bomberos. (Risas y aplausos). Quisieran que el Carlismo fuera romántico y se quedara en el pasado, porque, claro, en el pasado no molesta a nadie hoy día. Quisieran que fuéramos doctrinarios, y lo quisieran con cierto interés individual, porque sin la doctrina monárquica del Carlismo no hay posibilidad de ninguna Monarquía, y por tanto necesitan que alguien les aporte una doctrina. Además, nos quisieran como su reserva, porque saben muy bien que la vida de los pueblos está sembrada de vez en cuando de dramas, y que estos dramas, hace falta alguien que los resuelva. Hace treinta años han tenidos a los carlistas para sacarles las castañas del fuego, y quisieran no perder a estos buenos carlistas por si acaso tuviéramos que hacerlo otra vez.

SOMOS PUEBLO

Pero estos mismos enemigos nuestros, que nos tienen esa simpatía egoísta, no pueden ocultar algunas cosas. En primer lugar, no pueden ocultar que el Carlismo es pueblo, que el Carlismo quiere representación, quiere justicia social, quiere paz y aporta estructuras políticas. El Carlismo es una parte del pueblo español, pero también es una interpetración popular española de lo que es y lo que debe ser la Monarquía. Quiere representación porque cree que sin ella no existe Gobierno con verdadera autoridad. Solamente se puede gobernar con autoridad cuando se puede escuchar con calma a todo el mundo. Quiere el Carlismo además no sólo representación, sino representación para algo: para establecer una mayor justicia social.

PAZ, JUSTICIA Y ORDEN

Es indudable que el gran problema con el que se enfrentan todos los países occidentales y probablemente todos los países del mundo, es un problema fundamental de justicia. Sufrimos todos estas injusticias. Y no basta la justicia individual o particular, como tampoco basta la caridad individual. Hay que elevar el nivel de justicia. Siempre habrá algunas injusticias, pero las grandes injusticias se pueden evitar. Y esta justicia social es condición de paz. Señores, no hay paz sino hay justicia. Cuando no hay justicia puede haber orden público y el orden público es necesario, pero sin justicia y a pesar del orden público, no hay paz. No hay paz interna entre los hombres ni dentro de la sociedad. Y para esto, para que haya justicia social, para que haya paz, para que hay representación y que todo sea ordenado, hacen falta unas estructuras políticas, y esto es lo que el Carlismo pretende y desea dotar al mundo moderno: unas estructuras políticas modernas, actuales, capaces de edificar el futuro y de elevar todo el país hacia fórmulas modernísimas, posiblemente muy atrevidas, pero actuales y justas.

Don Javier recibe la gratitud de Don Domingo Fal Macías por el título de Duque del Quintillo y Gran Cruz concedidos a su padre Don Manuel Fal Conde, que no pudo asistir por encontrarse enfermo.

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